Jorge Luis Borges:
Tlön, Uqbar, Orbis Tertius
(1940)

I

I owe the discovery of Uqbar to the conjunction of a mirror and an encyclopedia. The mirror troubled the depths of a corridor in a country house on Gaona Street in Ramos Mejia; the encyclopedia is fallaciously called The Anglo-American Cyclopaedia (New York, 1917) and is a literal but delinquent reprint of the Encyclopedia Britannica of 1902. The event took place some five years ago. Bioy Casares had had dinner with me that evening and we became lengthily engaged in a vast polemic concerning the composition of a novel in the first person, whose narrator would omit or disfigure the facts and indulge in various contradictions which would permit a few readers - very few readers - to perceive an atrocious or banal reality. From the remote depths of the corridor, the mirror spied upon us. We discovered (such a discovery is inevitable in the late hours of the night) that mirrors hare something monstrous about them. Then Bioy Casares recalled that one of the heresiarchs of Uqbar had declared that mirrors and copulation are abominable, because they increase the number or men. I asked him the origin of this memorable observation and he answered that it was reproduced in The Anglo-American Cyclopaedia, in its article on Uqbar. The house (which we had rented furnished) had a set of this work. On the last pages of Volume XLVI we found an article on Upsala; on the first pages of Volume XLVII, one on Ural-Altaic Languages, but not a word about Uqbar. Bioy, a bit taken aback, consulted the volumes of the index. In vain he exhausted all of the imaginable spellings: Ukbar, Ucbar, Ooqbar, Ookbar, Oukbahr... Before leaving, he told me that it was a region of Iraq of or Asia Minor. I must confess that I agreed with some discomfort. I conjectured that this undocumented country and its anonymous heresiarch were a fiction devised by Bioy's modesty in order to justify a statement. The fruitless examination of one of Justus Perthes' atlases fortified my doubt. Debo a la conjunción de un espejo y de una enciclopedia el descubrimiento de Uqbar. El espejo inquietaba el fondo de un corredor en una quinta de la calle Gaona, en Ramos Mejía; la enciclopedia falazmente se llama The Anglo-American Cyclopaedía (New York, 1917) y es una reimpresión literal, pero también morosa, de la Encyclopaedia Britannica de 1902. El hecho se produjo hará unos cinco años. Bioy Casares había cenado conmigo esa noche y nos demoró una vasta polémica sobre la ejecución de una novela en primera persona, cuyo narrador omitiera o desfigurara los hechos e incurriera en diversas contradicciones, que permitieran a unos pocos lectores -a muy pocos lectores- la adivinación de una realidad atroz o banal. Desde el fondo remoto del corredor, el espejo nos acechaba. Descubrimos (en la alta noche ese descubrimiento es inevitable) que los espejos tienen algo monstruoso. Entonces Bioy Casares recordó que uno de los heresiarcas de Uqbar había declarado que los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres. Le pregunté el origen de esa memorable sentencia y me contestó que The Anglo-American Cyclopaedia la registraba, en su artículo sobre Uqbar. La quinta (que habíamos alquilado amueblada) poseía un ejemplar de esa obra. En las últimas páginas del volumen XLVI dimos con un artículo sobre Upsala; en las primeras del XLVII, con uno sobre Ural-Altaic Languages, pero ni una palabra sobre Uqbar. Bioy, un poco azorado, interrogó los tomos del índice. Agotó en vano todas las lecciones imaginables: Ukbar, Ucbar, Ookbar, Oukbahr... Antes de irse, me dijo que era una región del Irak o del Asia Menor. Confieso que asentí con alguna incomodidad. Conjeturé que ese país indocumentado y ese heresiarca anónimo eran una ficción improvisada por la modestia de Bioy para justificar una frase. El examen estéril de uno de los atlas de Justus Perthes fortaleció mi duda.
The following day, Bioy called me from Buenos Aries. He told me he had before him the article on Uqbar, in volume XLVI of the encyclopedia. The heresiarch's name was not forthcoming, but there was a note on his doctrine, formulated in words almost identical to those he had repeated, though perhaps literally inferior. He had recalled: Copulation and mirrors are abominable. The text of the encyclopedia said: For one of those gnostics, the visible universe was an illusion or (more precisely) a sophism. Mirrors and fatherhood are abominable because they multiply and disseminate that universe. I told him, in all truthfulness, that I should like to see that article. A few days later he brought it. This surprised me, since the scrupulous cartographical indices of Ritter's Erdkunde were plentifully ignorant of the name Uqbar. Al día siguiente, Bioy me llamó desde Buenos Aires. Me dijo que tenía a la vista el artículo sobre Uqbar, en el volumen XLVI de la Enciclopedia. No constaba el nombre del heresiarca, pero sí la noticia de su doctrina, formulada en palabras casi idénticas a las repetidas por él, aunque -tal vez- literariamente inferiores. Él había recordado: Copulation and mirrors are abominable. El texto de la Enciclopedia decía: Para uno de esos gnósticos, el visible universo era una ilusión o (más precisamente) un sofisma. Los espejos y la paternidad son abominables (mirrors and fatherhood are hateful) porque lo multiplican y lo divulgan. Le dije, sin faltar a la verdad, que me gustaría ver ese artículo. A los pocos días lo trajo. Lo cual me sorprendió, porque los escrupulosas índices cartográficos de la Erdkunde de Ritter ignoraban con plenitud el nombre de Uqbar.
The tome Bioy brought was, in fact, Volume XLVI of the Anglo-American Cyclopaedia. On the half-title page and the spine, the alphabetical marking (Tor-Ups) was that of our copy but, instead of 917, it contained 921 pages. These four additional pages made up the article on Uqbar, which (as the reader will have noticed) was not indicated by the alphabetical marking. We later determined that there was no other difference between the volumes. Both of them (as I believe I have indicated) are reprints of the tenth Encyclopaedia Britannica. Bioy had acquired his copy at some sale or other. El volumen que trajo Bioy era efectivamente el XLVI de la Anglo-American Cyclopaedia. En la falsa carátula y en el lomo, la indicación alfabética (Tor-Ups) era la de nuestro ejemplar, pero en vez de 917 páginas constaba de 921. Esas cuatro páginas adicionales comprendían al artículo sobre Uqbar; no previsto (como habrá advertido el lector) por la indicación alfabética. Comprobamos después que no hay otra diferencia entre los volúmenes. Los dos (según creo haber indicado) son reimpresiones de la décima Encyclopaedia Britannica. Bioy había adquirido su ejemplar en uno de tantos remates.
We read the article with some care. The passage recalled by Bioy was perhaps the only surprising one. The rest of it seemed very plausible, quite in keeping with the general tone of the work and (as is natural) a bit boring. Reading it over again, we discovered beneath its rigorous prose a fundamental vagueness. Of the fourteen names which figured in the geographical part, we only recognized three - Khorasan, Armenia, Erzerum - interpolated in the text in an ambiguous way. Of the historical names, only one: the impostor magician Smerdis, invoked more as a metaphor. The note seemed to fix the boundaries of Uqbar, but its nebulous reference points were rivers and craters and mountain ranges of that same region. We read, for example, that the lowlands of Tsai Khaldun and the Axa Delta marked the southern frontier and that on the islands of the delta wild horses procreate. All this, on the first part of page 918. In the historical section (page 920) we learned that as a result of the religious persecutions of the thirteenth century, the orthodox believers sought refuge on these islands, where to this day their obelisks remain and where it is not uncommon to unearth their stone mirrors. The section on Language and Literature was brief. Only one trait is worthy of recollection: it noted that the literature of Uqbar was one of fantasy and that its epics and legends never referred to reality, but to the two imaginary regions of Mlejnas and Tlön... The bibliography enumerated four volumes which we have not yet found, though the third - Silas Haslam: History of the Land Called Uqbar, 1874 - figures in the catalogs of Bernard Quartich's book shop (1). The first, Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen uber das Land Ukkbar in Klein-Asien, dates from 1641 and is the work of Johannes Valentinus Andrea. This fact is significant; a few years later, I came upon that name in the unsuspected pages of De Quincey (Writings, Volume XIII) and learned that it belonged to a German theologian who, in the early seventeenth century, described the imaginary community of Rosae Crucis - a community that others founded later, in imitation of what he had prefigured. Leímos con algún cuidado el artículo. El pasaje recordado por Bioy era tal vez el único sorprendente. El resto parecía muy verosímil, muy ajustado al tono general de la obra y (como es natural) un poco aburrido. Releyéndolo, descubrimos bajo su rigurosa escritura una fundamental vaguedad. De los catorce nombres que figuraban en la parte geográfica, sólo reconocimos tres -Jorasán, Armenia, Erzerum-, interpolados en el texto de un modo ambiguo. De los nombres históricos, uno solo: el impostor Esmerdis el mago, invocado más bien como una metáfora. La nota parecía precisar las fronteras de Uqbar, pero sus nebulosos puntos de referencias eran ríos y cráteres y cadenas de esa misma región. Leímos, verbigracia, que las tierras bajas de Tsai Jaldún y el delta del Axa definen la frontera del sur y que en las islas de ese delta procrean los caballos salvajes. Eso, al principio de la página 918. En la sección histórica (página 920) supimos que a raíz de las persecuciones religiosas del siglo trece, los ortodoxos buscaron amparo en las islas, donde perduran todavía sus obeliscos y donde no es raro exhumar sus espejos de piedra. La sección idioma y literatura era breve. Un solo rasgo memorable: anotaba que la literatura de Uqbar era de carácter fantástico y que sus epopeyas y sus leyendas no se referían jamás a la realidad, sino a las dos regiones imaginarias de Mlejnas y de Tlön... La bibliografía enumeraba cuatro volúmenes que no hemos encontrado hasta ahora, aunque el tercero -Silas Haslam: History of the Land Called Uqbar, 1874-figura en los catálogos de librería de Bernard Quaritch. (1) El primero, Lesbare und lesenswerthe Bemerkungen über das Land Ukkbar in Klein-Asien, data de 1641 y es obra de Johannes Valentinus Andreä. El hecho es significativo; un par de años después, di con ese nombre en las inesperadas páginas de De Quincey (Writings, decimotercero volumen) y supe que era el de un teólogo alemán que a principios del siglo XVII describió la imaginaria comunidad de la Rosa-Cruz -que otros luego fundaron, a imitación de lo prefigurado por él.
That night we visited the National Library. In vain we exhausted atlases, catalogs, annuals of geographical societies, travelers' and historians' memoirs: no one had ever been in Uqbar. Neither did the general index of Bioy's encyclopedia register that name. The following day, Carlos Mastronardi (to whom I had related the matter) noticed the black and gold covers of the Anglo-American Cyclopaedia in a bookshop on Corrientes and Talcahuano... He entered and examined Volume XLVI. Of course, he did not find the slightest indication of Uqbar. Esa noche visitamos la Biblioteca Nacional. En vano fatigamos atlas, catálogos, anuarios de sociedades geográficas, memorias de viajeros e historiadores: nadie había estado nunca en Uqbar. El índice general de la enciclopedia de Bioy tampoco registraba ese nombre. Al día siguiente, Carlos Mastronardi (a quien yo había referido el asunto) advirtió en una librería de Corrientes y Talcahuano los negros y dorados lomos de la Anglo-American Cyclopaedía... Entró e interrogó el volumen XLVI Naturalmente, no dio con el menor indicio de Uqbar.

II

Some limited and waning memory of Herbert Ashe, an engineer of the southern railways, persists in the hotel at Adrogue, amongst the effusive honeysuckles and in the illusory depths of the mirrors. In his lifetime, he suffered from unreality, as do so many Englishmen; once dead, he is not even the ghost he was then. He was tall and listless and his tired rectangular beard had once been red. I understand he was a widower, without children. Every few years he would go to England, to visit (I judge from some photographs he showed us) a sundial and a few oaks. He and my father had entered into one of those close (the adjective is excessive) English friendships that begin by excluding confidences and very soon dispense with dialog. They used to carry out an exchange of books and newspapers and engage in taciturn chess games... I remember him in the hotel corridor, with a mathematics book in his hand, sometimes looking at the irrecoverable colors of the sky. One afternoon, we spoke of the duodecimal system of numbering (in which twelve is written as 10). Ashe said that he was converting some kind of tables from the duodecimal to the sexagesimal system (in which sixty is written as 10). He added that the task had been entrusted to him by a Norwegian, in Rio Grande du Sul. We had known him for eight years and he had never mentioned in sojourn in that region... We talked of country life, of the capangas, of the Brazilian etymology of the word gaucho (which some old Uruguayans still pronounce gaúcho) and nothing more was said - may God forgive me - of duodecimal functions. In September of 1937 (we were not at the hotel), Herbert Ashe died of a ruptured aneurysm. A few days before, he had received a sealed and certified package from Brazil. It was a book in large octavo. Ashe left it at the bar, where - months later - I found it. I began to leaf through it and experienced an astonished and airy feeling of vertigo which I shall not describe, for this is not the story of my emotions but of Uqbar and Tlön and Orbis Tertius. On one of the nights of Islam called the Night of Nights, the secret doors of heaven open wide and the water in the jars becomes sweeter; if those doors opened, I would not feel what I felt that afternoon. The book was written in English and contained 1001 pages. On the yellow leather back I read these curious words which were repeated on the title page: A First Encyclopedia of Tlön. Vol. XI. Hlaer to Jangr. There was no indication of date or place. On the first page and on a leaf of silk paper that covered on of the color plates there was stamped a blue oval with this inscription: Orbis Tertius. Two years before I had discovered, in a volume of a certain pirated encyclopedia, a superficial description of a nonexistent country; now chance afforded me something more precious and arduous. Now I held in my hands a vast methodical fragment of an unknown planet's entire history, with its architecture and its playing cards, with the dread of its mythologies and the murmur of its languages, with its emperors and its seas, with its minerals and its birds and its fish, with its algebra and its fire, with its theological and metaphysical controversy. And all of it articulated, coherent, with no visible doctrinal intent or tone of parody. Algún recuerdo limitado y menguante de Herbert Ashe, ingeniero de los ferrocarriles del Sur, persiste en el hotel de Adrogué, entre las efusivas madreselvas y en el fondo ilusorio de los espejos. En vida padeció de irrealidad, como tantos ingleses; muerto, no es siquiera el fantasma que ya era entonces. Era alto y desganado y su cansada barba rectangular había sido roja. Entiendo que era viudo, sin hijos. Cada tantos años iba a Inglaterra: a visitar (juzgo por unas fotografías que nos mostró) un reloj de sol y unos robles. Mi padre había estrechado con él (el verbo es excesivo) una de esas amistades inglesas que empiezan por excluir la confidencia y que muy pronto omiten el diálogo. Solían ejercer un intercambio de libros y de periódicos; solían batirse al ajedrez, taciturnamente... Lo recuerdo en el corredor del hotel, con un libro de matemáticas en la mano, mirando a veces los colores irrecuperables del cielo. Una tarde, hablamos del sistema duodecimal de numeración (en el que doce se escribe 10). Ashe dijo que precisamente estaba trasladando no sé qué tablas duodecimales a sexagesimales (en las que sesenta se escribe 10). Agregó que ese trabajo le había sido encargado por un noruego: en Rio Grande do Sul. Ocho años que lo conocíamos y no había mencionado nunca su estadía en esa región... Hablamos de vida pastoril, de capangas, de la etimología brasilera de la palabra gaucho (que algunos viejos orientales todavía pronuncian gaúcho) y nada más se dijo -Dios me perdone- de funciones duodecimales. En setiembre de 1937 (no estábamos nosotros en el hotel) Herbert Ashe murió de la rotura de un aneurisma. Días antes, había recibido del Brasil un paquete sellado y certificado. Era un libro en octavo mayor. Ashe lo dejó en el bar, donde -meses después- lo encontré. Me puse a hojearlo y sentí un vértigo asombrado y ligero que no describiré, porque ésta no es la historia de mis emociones sino de Uqbar y Tlön y Orbis Tertius. En una noche del Islam que se llama la Noche de las Noches se abren de par en par las secretas puertas del cielo y es más dulce el agua en los cántaros; si esas puertas se abrieran, no sentiría lo que en esa tarde sentí. El libro estaba redactado en inglés y lo integraban 1001 páginas. En el amarillo lomo de cuero leí estas curiosas palabras que la falsa carátula repetía: A First Encyclopaedia of Tlön. vol. XI. Hlaer to Jangr. No había indicación de fecha ni de lugar. En la primera página y en una hoja de papel de seda que cubría una de las láminas en colores había estampado un óvalo azul con esta inscripción: Orbis Tertius. Hacía dos años que yo había descubierto en un tomo de cierta enciclopedia práctica una somera descripción de un falso país; ahora me deparaba el azar algo más precioso y más arduo. Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico.
In the "Eleventh Volume" which I have mentioned, there are allusions to preceding and succeeding volumes. In an article in the N. R. F. which is now classic, Nestor Ibarra has denied the existence of those companion volumes; Ezequiel Martinez Estrada and Drieu La Rochelle have refuted that doubt, perhaps victoriously. The fact is that up to now the most diligent inquiries have been fruitless. In vain we have upended the libraries of the two Americas and of Europe. Alfonso Reyes, tired of these subordinate sleuthing procedures, proposes that we should all undertake the task of reconstructing the many and weighty tomes that are lacking: ex ungue leonem. He calculates, half in earnest and half jokingly, that a generation of tlonistas should be sufficient. This venturesome computation brings us back to the fundamental problem: Who are the inventors of Tlön? The plural is inevitable, because the hypothesis of a lone inventor - an infinite Leibniz laboring away darkly and modestly - has been unanimously discounted. It is conjectured that this brave new world is the work of a secret society of astronomers, biologists, engineers, metaphysicians, poets, chemists, algebraists, moralists, painters, geometers... directed by an obscure man of genius. Individuals mastering these diverse disciplines are abundant, but not so those capable of inventiveness and less so those capable of subordinating that inventiveness to a rigorous and systematic plan. This plan is so vast that each writer's contribution is infinitesimal. At first it was believed that Tlön was a mere chaos, and irresponsible license of the imagination; now it is known that is a cosmos and that the intimate laws which govern it have been formulated, at least provisionally. Let it suffice for me to recall that the apparent contradictions of the Eleventh Volume are the fundamental basis for the proof that the other volumes exist, so lucid and exact is the order observed in it. The popular magazines, with pardonable excess, have spread news of the zoology and topography of Tlön; I think its transparent tiger and towers of blood perhaps do not merit the continued attention of all men. I shall venture to request a few minutes to expound its concept of the universe. En el "onceno tomo" de que hablo hay alusiones a tomos ulteriores y precedentes. Néstor Ibarra, en un artículo ya clásico de la N. R. F., ha negado que existen esos aláteres; Ezequiel Martínez Estrada y Drieu La Rochelle han refutado, quizá victoriosamente, esa duda. El hecho es que hasta ahora las pesquisas más diligentes han sido estériles. En vano hemos desordenado las bibliotecas de las dos Américas y de Europa. Alfonso Reyes, harto de esas fatigas subalternas de índole policial, propone que entre todos acometamos la obra de reconstruir los muchos y macizos tomos que faltan: ex ungue leonem. Calcula, entre veras y burlas, que una generación de tlönistas puede bastar. Ese arriesgado cómputo nos retrae al problema fundamental: ¿Quiénes inventaron a Tlön? El plural es inevitable, porque la hipótesis de un solo inventor -de un infinito Leibniz obrando en la tiniebla y en la modestia- ha sido descartada unánimemente. Se conjetura que este brave new world es obra de una sociedad secreta de astrónomos, de biólogos, de ingenieros, de metafísicos, de poetas, de químicos, de algebristas, de moralistas, de pintores, de geómetras... dirigidos por un oscuro hombre de genio. Abundan individuos que dominan esas disciplinas diversas, pero no los capaces de invención y menos los capaces de subordinar la invención a un riguroso plan sistemático. Ese plan es tan vasto que la contribución de cada escritor es infinitesimal. Al principio se creyó que Tlön era un mero caos, una irresponsable licencia de la imaginación; ahora se sabe que es un cosmos y las íntimas leyes que lo rigen han sido formuladas, siquiera en modo provisional. Básteme recordar que las contradicciones aparentes del Onceno Tomo son la piedra fundamental de la prueba de que existen los otros: tan lúcido y tan justo es el orden que se ha observado en él. Las revistas populares han divulgado, con perdonable exceso, la zoología y la topografía de Tlön; yo pienso que sus tigres transparentes y sus torres de sangre no merecen, tal vez, la continua atención de todos los hombres. Yo me atrevo a pedir unos minutos para su concepto del universo.
Hume noted for all time that Berkeley's arguments did not admit the slightest refutation nor did they cause the slightest conviction. This dictum is entirely correct in its application to the earth, but entirely false in Tlön. The nations of this planet are congenitally idealist. Their language and the derivations of their language - religion, letters, metaphysics - all presuppose idealism. The world for them is not a concourse of objects in space; it is a heterogeneous series of independent acts. It is successive and temporal, not spatial. There are no nouns in Tlön's conjectural Ursprache, from which the "present" languages and the dialects are derived: there are impersonal verbs, modified by monosyllabic suffixes (or prefixes) with an adverbial value. For example: there is no word corresponding to the word "moon,", but there is a verb which in English would be "to moon" or "to moonate." "The moon rose above the river" is hlor u fang axaxaxas mlo, or literally: "upward behind the onstreaming it mooned." Hume notó para siempre que los argumentos de Berkeley no admiten la menor réplica y no causan la menor convicción. Ese dictamen es del todo verídico en su aplicación a la tierra; del todo falso en Tlön. Las naciones de ese planeta son -congénitamente- idealistas. Su lenguaje y las derivaciones de su lenguaje -la religión, las letras, la metafísica- presuponen el idealismo. El mundo para ellos no es un concurso de objetos en el espacio; es una serie heterogénea de actos independientes. Es sucesivo, temporal, no espacial. No hay sustantivos en la conjetural Ursprache de Tlön, de la que proceden los idiomas "actuales" y los dialectos: hay verbos impersonales, calificados por sufijos (o prefijos) monosilábicos de valor adverbial. Por ejemplo: no hay palabra que corresponda a la palabra luna, pero hay un verbo que sería en español lunecer o lunar. Surgió la luna sobre el río se dice hlör u fang axaxaxas mlö o sea en su orden: hacia arriba (upward) detrás duradero-fluir luneció. (Xul Solar traduce con brevedad: upa tras perfluyue lunó. Upward, behind the onstreaming it mooned.
The preceding applies to the languages of the southern hemisphere. In those of the northern hemisphere (on whose Ursprache there is very little data in the Eleventh Volume) the prime unit is not the verb, but the monosyllabic adjective. The noun is formed by an accumulation of adjectives. They do not say "moon," but rather "round airy-light on dark" or "pale-orange-of-the-sky" or any other such combination. In the example selected the mass of adjectives refers to a real object, but this is purely fortuitous. The literature of this hemisphere (like Meinong's subsistent world) abounds in ideal objects, which are convoked and dissolved in a moment, according to poetic needs. At times they are determined by mere simultaneity. There are objects composed of two terms, one of visual and another of auditory character: the color of the rising sun and the faraway cry of a bird. There are objects of many terms: the sun and the water on a swimmer's chest, the vague tremulous rose color we see with our eyes closed, the sensation of being carried along by a river and also by sleep. These second-degree objects can be combined with others; through the use of certain abbreviations, the process is practically infinite. There are famous poems made up of one enormous word. This word forms a poetic object created by the author. The fact that no one believes in the reality of nouns paradoxically causes their number to be unending. The languages of Tlön's northern hemisphere contain all the nouns of the Indo-European languages - and many others as well. Lo anterior se refiere a los idiomas del hemisferio austral. En los del hemisferio boreal (de cuya Ursprache hay muy pocos datos en el Onceno Tomo) la célula primordial no es el verbo, sino el adjetivo monosilábico. El sustantivo se forma por acumulación de adjetivos. No se dice luna: se dice aéreo-claro sobre oscuro-redondo o anaranjado-tenue-de1 cielo o cualquier otra agregación. En el caso elegido la masa de adjetivos corresponde a un objeto real; el hecho es puramente fortuito. En la literatura de este hemisferio (como en el mundo subsistente de Meinong) abundan los objetos ideales, convocados y disueltos en un momento, según las necesidades poéticas. Los determina, a veces, la mera simultaneidad. Hay objetos compuestos de dos términos, uno de carácter visual y otro auditivo: el color del naciente y el remoto grito de un pájaro. Los hay de muchos: el sol y el agua contra el pecho del nadador, el vago rosa trémulo que se ve con los ojos cerrados, la sensación de quien se deja llevar por un río y también por el sueño. Esos objetos de segundo grado pueden combinarse con otros; el proceso, mediante ciertas abreviaturas, es prácticamente infinito. Hay poemas famosos compuestos de una sola enorme palabra. Esta palabra integra un objeto poético creado por el autor. El hecho de que nadie crea en la realidad de los sustantivos hace, paradójicamente, que sea interminable su número. Los idiomas del hemisferio boreal de Tlön poseen todos los nombres de las lenguas indoeuropeas y otros muchos más.
It is no exaggeration to state that the classic culture of Tlön comprises only one discipline: psychology. All others are subordinated to it. I have said that the men of this planet conceive the universe as a series of mental processes which do not develop in space but successively in time. Spinoza ascribes to his inexhaustible divinity the attributes of extension and thought; no one in Tlön would understand the juxtaposition of the first (which is typical only of certain states) and the second - which is a perfect synonym of the cosmos. In other words, they do not conceive that the spatial persists in time. The perception of a cloud of smoke on the horizon and then of the burning field and then of the half-extinguished cigarette that produced the blaze is considered an example of association of ideas. No es exagerado afirmar que la cultura clásica de Tlön comprende una sola disciplina: la psicología. Las otras están subordinadas a ella. He dicho que los hombres de ese planeta conciben el universo como una serie de procesos mentales, que no se desenvuelven en el espacio sino de modo sucesivo en el tiempo. Spinoza atribuye a su inagotable divinidad los atributos de la extensión y del pensamiento; nadie comprendería en Tlön la yuxtaposición del primero (que sólo es típico de ciertos estados) y del segundo -que es un sinónimo perfecto del cosmos-. Dicho sea con otras palabras: no conciben que lo espacial perdure en el tiempo. La percepción de una humareda en el horizonte y después del campo incendiado y después del cigarro a medio apagar que produjo la quemazón es considerada un ejemplo de asociación de ideas.
This monism or complete idealism invalidates all science. If we explain (or judge) a fact, we connect it with another; such linking, in Tlön, is a later state of the subject which cannot affect or illuminate the previous state. Every mental state is irreducible: there mere fact of naming it - i.e., of classifying it - implies a falsification. From which it can be deduced that there are no sciences on Tlön, not even reasoning. The paradoxical truth is that they do exist, and in almost uncountable number. The same thing happens with philosophies as happens with nouns in the northern hemisphere. The fact that every philosophy is by definition a dialectical game, a Philosophie des Als Ob, has caused them to multiply. There is an abundance of incredible systems of pleasing design or sensational type. The metaphysicians of Tlön do not seek for the truth or even for verisimilitude, but rather for the astounding. They judge that metaphysics is a branch of fantastic literature. They know that a system is nothing more than the subordination of all aspects of the universe to any one such aspect. Even the phrase "all aspects" is rejectable, for it supposes the impossible addition of the present and of all past moments. Neither is it licit to use the plural "past moments," since it supposes another operation... One of the schools of Tlön goes so far as to negate time: it reasons that the present is indefinite, that the future has no reality other than as a present memory (2). Another school declares that all time has already transpired and that our life is only the crepuscular and no doubt falsified an mutilated memory or reflection of an irrecoverable process. Another, that the history of the universe - and in it our lives and the most tenuous detail of our lives - is the scripture produced by a subordinate god in order to communicate with a demon. Another, that the universe is comparable to those cryptographs in which not all the symbols are valid and that only what happens every three hundred nights is true. Another, that while we sleep here, we are awake elsewhere and that in this way every man is two men. Este monismo o idealismo total invalida la ciencia. Explicar (o juzgar) un hecho es unirlo a otro; esa vinculación, en Tlön, es un estado posterior del sujeto, que no puede afectar o iluminar el estado anterior. Todo estado mental es irreductible: el mero hecho de nombrarlo -id est, de clasificarlo- importa un falseo. De ello cabría deducir que no hay ciencias en Tlön -ni siquiera razonamientos. La paradójica verdad es que existen, en casi innumerable número. Con las filosofías acontece lo que acontece con los sustantivos en el hemisferio boreal. El hecho de que toda filosofía sea de antemano un juego dialéctico, una Philosophie des Als Ob, ha contribuido a multiplicarlas. Abundan los sistemas increíbles, pero de arquitectura agradable o de tipo sensacional. Los metafísicos de Tlön no buscan la verdad ni siquiera la verosimilitud: buscan el asombro. Juzgan que la metafísica es una rama de la literatura fantástica. Saben que un sistema no es otra cosa que la subordinación de todos los aspectos del universo a uno cualquiera de ellos. Hasta la frase "todos los aspectos" es rechazable, porque supone la imposible adición del instante presente y de los pretéritos. Tampoco es lícito el plural "los pretéritos", porque supone otra operación imposible... Una de las escuelas de Tlön llega a negar el tiempo: razona que el presente es indefinido, que el futuro no tiene realidad sino como esperanza presente, que el pasado no tiene realidad sino como recuerdo presente(2). Otra escuela declara que ha transcurrido ya todo el tiempo y que nuestra vida es apenas el recuerdo o reflejo crepuscular, y sin duda falseado y mutilado, de un proceso irrecuperable. Otra, que la historia del universo -y en ellas nuestras vidas y el más tenue detalle de nuestras vidas- es la escritura que produce un dios subalterno para entenderse con un demonio. Otra, que el universo es comparable a esas criptografías en las que no valen todos los símbolos y que sólo es verdad lo que sucede cada trescientas noches. Otra, que mientras dormimos aquí, estamos despiertos en otro lado y que así cada hombre es dos hombres.
Amongst the doctrines of Tlön, none has merited the scandalous reception accorded to materialism. Some thinkers have formulated it with less clarity than fervor, as one might put forth a paradox. In order to facilitate the comprehension of this inconceivable thesis, a heresiarch of the eleventh century (3) devised the sophism of the nine copper coins, whose scandalous renown is in Tlön equivalent to that of the Eleatic paradoxes. There are many versions of this "specious reasoning," which vary the number of coins and the number of discoveries; the following is the most common: Entre las doctrinas de Tlön, ninguna ha merecido tanto escándalo como el materialismo. Algunos pensadores lo han formulado, con menos claridad que fervor, como quien adelanta una paradoja. Para facilitar el entendimiento de esa tesis inconcebible, un heresiarca del undécimo siglo(3) ideó el sofisma de las nueve monedas de cobre, cuyo renombre escandaloso equivale en Tlön al de las aporías eleáticas. De ese "razonamiento especioso" hay muchas versiones, que varían el número de monedas y el número de hallazgos; he aquí la más común:
On Tuesday, X crosses a deserted road and loses nine copper coins. On Thursday, Y finds in the road four coins, somewhat rusted by Wednesday's rain. On Friday, Z discovers three coins in the road. On Friday morning, X finds two coins in the corridor of his house. The heresiarch would deduce from this story the reality - i.e., the continuity - of the nine coins which were recovered. It is absurd (he affirmed) to imagine that four of the coins have not existed between Tuesday and Thursday, three between Tuesday and Friday afternoon, two between Tuesday and Friday morning. It is logical to think that they have existed - at least in some secret way, hidden from the comprehension of men - at every moment of those three periods. El martes, X atraviesa un camino desierto y pierde nueve monedas de cobre. El jueves, Y encuentra en el camino cuatro monedas, algo herrumbradas por la lluvia del miércoles. El viernes, Z descubre tres monedas en el camino. El viernes de mañana, X encuentra dos monedas en el corredor de su casa. El heresiarca quería deducir de esa historia la realidad -id est la continuidad- de las nueve monedas recuperadas. Es absurdo (afirmaba) imaginar que cuatro de las monedas no han existido entre el martes y el jueves, tres entre e1 martes y la tarde del viernes, dos entre el martes y la madrugada del viernes. Es lógico pensar que han existido -siquiera de algún modo secreto, de comprensión vedada a los hombres- en todos los momentos de esos tres plazos.
The language of Tlön resists the formulation of this paradox; most people did not even understand it. The defenders of common sense at first did no more than negate the veracity of the anecdote. They repeated that it was a verbal fallacy, based on the rash application of two neologisms not authorized by usage and alien to all rigorous thought: the verbs "find" and "lose," which beg the question, because they presuppose the identity of the first and of the last nine coins. They recalled that all nouns (man, coin, Thursday, Wednesday, rain) have only a metaphorical value. They denounced the treacherous circumstance "somewhat rusted by Wednesday's rain," which presupposes what is trying to be demonstrated: the persistence of the four coins from Tuesday to Thursday. They explained that equality is one thing and identity another, and formulated a kind of reductio ad absurdum: the hypothetical case of nine men who on nine nights suffer a severe pain. Would it not be ridiculous - they questioned - to pretend that this pain is one and the same?(4) They said that the heresiarch was prompted only by the blasphemous intention of attributing the divine category of being to some simple coins and that at times he negated plurality and at other times did not. They argued: if equality implies identity, one would also have to admit that the nine coins are one. El lenguaje de Tlön se resistía a formular esa paradoja; los más no la entendieron. Los defensores del sentido común se limitaron, al principio, a negar la veracidad de la anécdota. Repitieron que era una falacia verbal, basada en el empleo temerario de dos voces neológicas, no autorizadas por el uso y ajenas a todo pensamiento severo: los verbos encontrar y perder, que comportan una petición de principio, porque presuponen la identidad de las nueve primeras monedas y de las últimas. Recordaron que todo sustantivo (hombre, moneda, jueves, miércoles, lluvia) sólo tiene un valor metafórico. Denunciaron la pérfida circunstancia algo herrumbradas por la lluvia del miércoles, que presupone lo que se trata de demostrar: la persistencia de las cuatro monedas, entre el jueves y el martes. Explicaron que una cosa es igualdad y otra identidad y formularon una especie de reductio ad absurdum, o sea el caso hipotético de nueve hombres que en nueve sucesivas noches padecen un vivo dolor. ¿No sería ridículo -interrogaron- pretender que ese dolor es el mismo?(4) Dijeron que al heresiarca no lo movía sino el blasfematorio propósito de atribuir la divina categoría de ser a unas simples monedas y que a veces negaba la pluralidad y otras no. Argumentaron: si la igualdad comporta la identidad, habría que admitir asimismo que las nueve monedas son una sola.
Unbelievably, these refutations were not definitive. A hundred years after the problem was stated, a thinker no less brilliant than the heresiarch but of orthodox tradition formulated a very daring hypothesis. This happy conjecture affirmed that there is only one subject, that this indivisible subject is every being in the universe and that these beings are the organs and masks of the divinity. X is Y and is Z. Z discovers three coins because he remembers that X lost them; X finds two in the corridor because he remembers that the others have been found... The Eleventh Volume suggests that three prime reasons determined the complete victory of this idealist pantheism. The first, its repudiation of solipsism; the second, the possibility of preserving the psychological basis of the sciences; the third, the possibility of preserving the cult of the gods. Schopenhauer (the passionate and lucid Schopenhauer) formulates a very similar doctrine in the first volume of Parerga und Paralipomena. Increíblemente, esas refutaciones no resultaron definitivas. A los cien años de enunciado el problema, un pensador no menos brillante que el heresiarca pero de tradición ortodoxa, formuló una hipótesis muy audaz. Esa conjetura feliz afirma que hay un solo sujeto, que ese sujeto indivisible es cada uno de los seres del universo y que éstos son los órganos y máscaras de la divinidad. X es Y y es Z. Z descubre tres monedas porque recuerda que se le perdieron a X; X encuentra dos en el corredor porque recuerda que han sido recuperadas las otras... El Onceno Tomo deja entender que tres razones capitales determinaron la victoria total de ese panteísmo idealista. La primera, el repudio del solipsismo; la segunda, la posibilidad de conservar la base psicológica de las ciencias; la tercera, la posibilidad de conservar el culto de los dioses. Schopenhauer (el apasionado y lúcido Schopenhauer) formula una doctrina muy parecida en el primer volumen de Parerga und Paralipomena.
The geometry of Tlön comprises two somewhat different disciplines: the visual and the tactile. The latter corresponds to our own geometry and is subordinated to the first. The basis of visual geometry is the surface, not the point. This geometry disregards parallel lines and declares that man in his movement modifies the forms which surround him. The basis of its arithmetic is the notion of indefinite numbers. They emphasize the importance of the concepts of greater and lesser, which our mathematicians symbolize as > and <. They maintain that the operation of counting modifies the quantities and converts them from indefinite into definite sums. The fact that several individuals who count the same quantity would obtain the same result is, for the psychologists, an example of association of ideas or of a good exercise of memory. We already know that in Tlön the subject of knowledge is on and eternal. La geometría de Tlön comprende dos disciplinas algo distintas: la visual y la táctil. La última corresponde a la nuestra y la subordinan a la primera. La base de la geometría visual es la superficie, no el punto. Esta geometría desconoce las paralelas y declara que el hombre que se desplaza modifica las formas que lo circundan. La base de su aritmética es la noción de números indefinidos. Acentúan la importancia de los conceptos de mayor y menor, que nuestros matemáticos simbolizan por > y por <, Afirman que la operación de contar modifica las cantidades y las convierte de indefinidas en definidas. El hecho de que varios individuos que cuentan una misma cantidad logran un resultado igual, es para los psicólogos un ejemplo de asociación de ideas o de buen ejercicio de la memoria. Ya sabemos que en Tlön el sujeto del conocimiento es uno y eterno.
In literary practices the idea of a single subject is also all-powerful. It is uncommon for books to be signed. The concept of plagiarism does not exist: it has been established that all works are the creation of one author, who is atemporal and anonymous. The critics often invent authors: they select two dissimilar works - the Tao Te Ching and the 1001 Nights, say - attribute them to the same writer and then determine most scrupulously the psychology of this interesting homme de lettres... En los hábitos literarios también es todopoderosa la idea de un sujeto único. Es raro que los libros estén firmados. No existe el concepto del plagio: se ha establecido que todas las obras son obra de un solo autor, que es intemporal y es anónimo. La crítica suele inventar autores: elige dos obras disímiles -el Tao Te King y las 1001 Noches, digamos-, las atribuye a un mismo escritor y luego determina con probidad la psicología de ese interesante homme de lettres...
Their books are also different. Works of fiction contain a single plot, with all its imaginable permutations. Those of a philosophical nature invariably include both the thesis and the antithesis, the rigorous pro and con of a doctrine. A book which does not contain its counterbook is considered incomplete. También son distintos los libros. Los de ficción abarcan un solo argumento, con todas las permutaciones imaginables. Los de naturaleza filosófica invariablemente contienen la tesis y la antítesis, el riguroso pro y el contra de una doctrina. Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto.
Centuries and centuries of idealism have not failed to influence reality. In the most ancient regions of Tlön, the duplication of lost objects is not infrequent. Two persons look for a pencil; the first finds it and says nothing; the second finds a second pencil, no less real, but closer to his expectations. These secondary objects are called hrönir and are, though awkward in form, somewhat longer. Until recently, the hrönir were the accidental products of distraction and forgetfulness. It seems unbelievable that their methodical production dates back scarcely a hundred years, but this is what the Eleventh Volume tells us. The first efforts were unsuccessful. However, the modus operandi merits description. The director of one of the state prisons told his inmates that there were certain tombs in an ancient river bed and promised freedom to whoever might make an important discovery. During the months preceding the excavation the inmates were shown photographs of what they were to find. This first effort proved that expectation and anxiety can be inhibitory; a week's work with pick and shovel did not mange to unearth anything in the way of a hrön except a rusty wheel of a period posterior to the experiment. But this was kept in secret and the process was repeated later in four schools. In three of them failure was almost complete; in a fourth (whose director died accidentally during the first excavations) the students unearthed - or produced - a gold mask, an archaic sword, two or three clay urns and the moldy and mutilated torso of a king whose chest bore an inscription which it has not yet been possible to decipher. Thus was discovered the unreliability of witnesses who knew of the experimental nature of the search... Mass investigations produce contradictory objects; now individual and almost improvised jobs are preferred. The methodical fabrication of hrönir (says the Eleventh Volume) has performed prodigious services for archaeologists. It has made possible the interrogation and even the modification of the past, which is now no less plastic and docile than the future. Curiously, the hrönir of second and third degree - the hrönir derived from another hrön, those derived from the hrön of a hrön - exaggerate the aberrations of the initial one; those of fifth degree are almost uniform; those of ninth degree become confused with those of the second; in those of the eleventh there is a purity of line not found in the original. The process is cyclical: the hrön of the twelfth degree begins to fall off in quality. Stranger and more pure than any hrön is, at times, the ur: the object produced through suggestion, educed by hope. The great golden mask I have mentioned is an illustrious example. Siglos y siglos de idealismo no han dejado de influir en la realidad. No es infrecuente, en las regiones más antiguas de Tlön, la duplicación de objetos perdidos. Dos personas buscan un lápiz; la primera lo encuentra y no dice nada; la segunda encuentra un segundo lápiz no menos real, pero más ajustado a su expectativa. Esos objetos secundarios se llaman hrönir y son, aunque de forma desairada, un poco más largos. Hasta hace poco los hrönir fueron hijos casuales de la distracción y el olvido. Parece mentira que su metódica producción cuente apenas cien años, pero así lo declara el Onceno Tomo. Los primeros intentos fueron estériles. El modus operandí, sin embargo, merece recordación. El director de una de las cárceles del estado comunicó a los presos que en el antiguo lecho de un río había ciertos sepulcros y prometió la libertad a quienes trajeran un hallazgo importante. Durante los meses que precedieron a la excavación les mostraron láminas fotográficas de lo que iban a hallar. Ese primer intento probó que la esperanza y la avidez pueden inhibir; una semana de trabajo con la pala y el pico no logró exhumar otro hrön que una rueda herrumbrada, de fecha posterior al experimento. Éste se mantuvo secreto y se repitió después en cuatro colegios. En tres fue casi total el fracaso; en el cuarto (cuyo director murió casualmente durante las primeras excavaciones) los discípulos exhumaron -o produjeron- una máscara de oro, una espada arcaica, dos o tres ánforas de barro y el verdinoso y mutilado torso de un rey con una inscripción en el pecho que no se ha logrado aún descifrar. Así se descubrió la improcedencia de testigos que conocieran la naturaleza experimental de la busca... Las investigaciones en masa producen objetos contradictorios; ahora se prefiere los trabajos individuales y casi improvisados. La metódica elaboración de hrönir (dice el Onceno Tomo) ha prestado servicios prodigiosos a los arqueólogos. Ha permitido interrogar y hasta modificar el pasado, que ahora no es menos plástico y menos dócil que el porvenir. Hecho curioso: los hrönir de segundo y de tercer grado -los hrönir derivados de otro hrön, los hrönir derivados del hrön de un hrön- exageran las aberraciones del inicial; los de quinto son casi uniformes; los de noveno se confunden con los de segundo; en los de undécimo hay una pureza de líneas que los originales no tienen. El proceso es periódico: el hrön de duodécimo grado ya empieza a decaer. Más extraño y más puro que todo hrön es a veces el ur: la cosa producida por sugestión, el objeto educido por la esperanza. La gran máscara de oro que he mencionado es un ilustre ejemplo.
Things became duplicated in Tlön; they also tend to become effaced and lose their details when they are forgotten. A classic example is the doorway which survived so long as it was visited by a beggar and disappeared at his death. At times some birds, a horse, have saved the ruins of an amphitheater. Las cosas se duplican en Tlön; propenden asimismo a borrarse y a perder los detalles cuando los olvida la gente. Es clásico el ejemplo de un umbral que perduró mientras lo visitaba un mendigo y que se perdió de vista a su muerte. A veces unos pájaros, un caballo, han salvado las ruinas de un anfiteatro.

-- Salto Oriental, 1940.

Postscript/Posdata (1947)

I reproduce the preceding article just as it appeared in the Anthology of Fantastic Literature (1940), with no omission other than that of a few metaphors and a kind of sarcastic summary which now seems frivolous. So many things have happened since then... I shall do no more than recall them here. Reproduzco el artículo anterior tal como apareció en la Antología de la literatura fantástica, 1940, sin otra escisión que algunas metáforas y que una especie de resumen burlón que ahora resulta frívolo. Han ocurrido tantas cosas desde esa fecha... Me limitaré a recordarlas.
In March of 1941 a letter written by Gunnary Erfjord was discovered in a book by Hinton which had belonged to Herbert Ashe. The envelope bore a cancellation from Ouro Preto; the letter completely elucidated the mystery of Tlön. Its text corroborated the hypotheses of Martinez Estrada. One night in Lucerne or in London, in the early seventeenth century, the splendid history has its beginning. A secret and benevolent society (amongst whose members were Dalgarno and later George Berkeley) arose to invent a country. Its vague initial program included "hermetic studies," philanthropy and the cabala. From this first period dates the curious book by Andrea. After a few years of secret conclaves and premature syntheses it was understood that one generation was not sufficient to give articulate form to a country. They resolved that each of the masters should elect a disciple who would continue his work. This hereditary arrangement prevailed; after an interval of two centuries the persecuted fraternity sprang up again in America. In 1824, in Memphis (Tennessee), one of its affiliates conferred with the ascetic millionaire Ezra Buckley. The latter, somewhat disdainfully, let him speak - and laughed at the plan's modest scope. He told the agent that in America it was absurd to invent a country and proposed the invention of a planet. To this gigantic idea he added another, a product of his nihilism(5): that of keeping the enormous enterprise a secret. At that time the twenty volumes of the Encyclopaedia Britannica were circulating in the United States; Buckley suggested that a methodical encyclopedia of the imaginary planet be written. He was to leave them his mountains of gold, his navigable rivers, his pasture lands roamed by cattle and buffalo, his Negroes, his brothels and his dollars, on one condition: "The work will make no pact with the impostor Jesus Christ." Buckley did not believe in God, but he wanted to demonstrate to this nonexistent God that mortal man was capable of conceiving a world. Buckley was poisoned in Baton Rouge in 1828; in 1914 the society delivered to its collaborators, some three hundred in number, the last volume of the First Encyclopedia of Tlön. The edition was a secret one; its forty volumes (the vastest undertaking ever carried out by man) would be the basis for another more detailed edition, written not in English but in one of the languages of Tlön. This revision of an illusory world, was called, provisionally, Orbis Tertius and one of its modest demiurgi was Herbert Ashe, whether as an agent of Gunnar Erfjord or as an affiliate, I do not know. His having received a copy of the Eleventh Volume would seem to favor the latter assumption. But what about the others? En marzo de 1941 se descubrió una carta manuscrita de Gunnar Erfjord en un libro de Hinton que había sido de Herbert Ashe. El sobre tenía el sello postal de Ouro Preto, la carta elucidaba enteramente el misterio de Tlön. Su texto corrobora las hipótesis de Martínez Estrada. A principios del siglo XVII, en una noche de Lucerna o de Londres, empezó la espléndida historia. Una sociedad secreta y benévola (que entre sus afilados tuvo a Dalgarno y después a George Berkeley) surgió para inventar un país. En el vago programa inicial figuraban los "estudios herméticos", la filantropía y la cábala. De esa primera época data el curioso libro de Andreä. Al cabo de unos años de conciliábulos y de síntesis prematuras comprendieron que una generación no bastaba para articular un país. Resolvieron que cada uno de los maestros que la integraban eligiera un discípulo para la continuación de la obra. Esa disposición hereditaria prevaleció; después de un hiato de dos siglos la perseguida fraternidad resurge en América. Hacia 1824, en Memphis (Tennessee) uno de los afiliados conversa con el ascético millonario Ezra Buckley. Éste lo deja hablar con algún desdén -y se ríe de la modestia del proyecto. Le dice que en América es absurdo inventar un país y le propone la invención de un planeta. A esa gigantesca idea añade otra, hija de su nihilismo(5): la de guardar en el silencio la empresa enorme. Circulaban entonces los veinte tomos de la Encyclopaedia Britannica; Buckley sugiere una enciclopedia metódica del planeta ilusorio. Les dejará sus cordilleras auríferas, sus ríos navegables, sus praderas holladas por el toro y por el bisonte, sus negros, sus prostíbulos y sus dólares, bajo una condición: "La obra no pactará con el impostor Jesucristo." Buckley descree de Dios, pero quiere demostrar al Dios no existente que los hombres mortales son capaces de concebir un mundo. Buckley es envenenado en Baton Rouge en 1828; en 1914 la sociedad remite a sus colaboradores, que son trescientos, el volumen final de la Primera Enciclopedia de Tlön. La edición es secreta: los cuarenta volúmenes que comprende (la obra más vasta que han acometido los hombres) serían la base de otra más minuciosa, redactada no ya en inglés, sino en alguna de las lenguas de Tlön. Esa revisión de un mundo ilusorio se llama provisoriamente Orbis Tertius y uno de sus modestos demiurgos fue Herbert Ashe, no sé si como agente de Gunnar Erfjord o como afiliado. Su recepción de un ejemplar del Onceno Tomo parece favorecer lo segundo. Pero ¿y los otros?
In 1942 events became more intense. I recall one of the first of these with particular clarity and it seems that I perceived then something of its premonitory character. It happened in an apartment on Laprida Street, facing a high and light balcony which looked out toward the sunset. Princess Faucigny Lucinge had received her silverware from Poitiers. From the vast depths of a box embellished with foreign stamps, delicate immobile objects emerged: silver from Utrecht and Paris covered with hard heraldic fauna, and a samovar. Amongst them - with the perceptible and tenuous tremor of a sleeping bird - a compass vibrated mysteriously. The princess did not recognize it. Its blue needle longed from magnetic north; its metal case was concave in shape; the letters around its edge corresponded to one of the alphabets of Tlön. Such was the first intrusion of this fantastic world into the world of reality. Hacia 1942 arreciaron los hechos. Recuerdo con singular nitidez uno de los primeros y me parece que algo sentí de su carácter premonitorio. Ocurrió en un departamento de la calle Laprida, frente a un claro y alto balcón que miraba el ocaso. La princesa de Faucigny Lucinge había recibido de Poitiers su vajilla de plata. Del vasto fondo de un cajón rubricado de sellos internacionales iban saliendo finas cosas inmóviles: platería de Utrecht y de París con dura fauna heráldica, un samovar. Entre ellas -con un perceptible y tenue temblor de pájaro dormido- latía misteriosamente una brújula. La princesa no la reconoció. La aguja azul anhelaba el norte magnético; la caja de metal era cóncava; las letras de la esfera correspondían a uno de los alfabetos de Tlön. Tal fue la primera intrusión del mundo fantástico en el mundo real.
I am still troubled by the stroke of chance which made me witness of the second intrusion as well. It happened some months later, at a country store owned by a Brazilian in Cuchilla Negra. Amorim and I were returning from Sant' Anna. The River Tacuarembo had flooded and we were obliged to sample (and endure) the proprietor's rudimentary hospitality. He provided us with some creaking cots in a large room cluttered with barrels and hides. We went to bed, but were kept from sleeping until dawn by the drunken ravings of an unseen neighbor, who intermingled inextricable insults with snatches of milongas - or rather with snatches of the same milonga. As might be supposed, we attributed this insistent uproar to the store owner's fiery cane liquor. By daybreak, the man was dead in the hallway. The roughness of his voice had deceived us: he was only a youth. In his delirium a few coins had fallen from his belt, along with a cone of bright metal, the size of a die. In vain a boy tried to pick up this cone. A man was scarcely able to raise it from the ground. It held in my hand for a few minutes; I remember that its weight was intolerable and that after it was removed, the feeling of oppressiveness remained. I also remember the exact circle it pressed into my palm. The sensation of a very small and at the same time extremely heavy object produced a disagreeable impression of repugnance and fear. One of the local men suggested we throw it into the swollen river; Amorim acquired it for a few pesos. No one knew anything about the dead man, except that "he came from the border." These small, very heavy cones (made from a metal which is not of this world) are images of the divinity in certain regions of Tlön. Un azar que me inquieta hizo que yo también fuera testigo de la segunda. Ocurrió unos meses después, en la pulpería de un brasilero, en la Cuchilla Negra. Amorim y yo regresábamos de Sant'Anna. Una creciente del río Tacuarembó nos obligó a probar (y a sobrellevar) esa rudimentaria hospitalidad. El pulpero nos acomodó unos catres crujientes en una pieza grande, entorpecida de barriles y cueros. Nos acostamos, pero no nos dejó dormir hasta el alba la borrachera de un vecino invisible, que alternaba denuestos inextricables con rachas de milongas -más bien con rachas de una sola milonga. Como es de suponer, atribuimos a la fogosa caña del patrón ese griterío insistente... A la madrugada, el hombre estaba muerto en el corredor. La aspereza de la voz nos había engañado: era un muchacho joven. En el delirio se le habían caído del tirador unas cuantas monedas y un cono de metal reluciente, del diámetro de un dado. En vano un chico trató de recoger ese cono. Un hombre apenas acertó a levantarlo. Yo lo tuve en la palma de la mano algunos minutos: recuerdo que su peso era intolerable y que después de retirado el cono, la opresión perduró. También recuerdo el círculo preciso que me grabó en la carne. Esa evidencia de un objeto muy chico y a la vez pesadísimo dejaba una impresión desagradable de asco y de miedo. Un paisano propuso que lo tiraran al río correntoso. Amorim lo adquirió mediante unos pesos. Nadie sabía nada del muerto, salvo "que venía de la frontera". Esos conos pequeños y muy pesados (hechos de un metal que no es de este mundo) son imagen de la divinidad, en ciertas religiones de Tlön.
Here I bring the personal part of my narrative to a close. The rest is in the memory (if not in the hopes or fears) of all my readers. Let it suffice for me to recall or mention the following facts, with a mere brevity of words which the reflective recollection of all will enrich or amplify. Around 1944, a person doing research for the newspaper The American (of Nashville, Tennessee) brought to light in a Memphis library the forty volumes of the First Encyclopedia of Tlön. Even today there is a controversy over whether this discovery was accidental or whether it was permitted by the directors of the still nebulous Orbis Tertius. The latter is most likely. Some of the incredible aspects of the Eleventh Volume (for example, the multiplication of the hrönir) have been eliminated or attenuated in the Memphis copies; it is reasonable to imagine that these omissions follow the plan of exhibiting a world which is not too incompatible with the real world. The dissemination of objects from Tlön over different countries would complement this plan...(6) The fact is that the international press infinitely proclaimed the "find." Manuals, anthologies, summaries, literal versions, authorized re-editions and pirated editions of the Greatest Work of Man flooded and still flood the earth. Almost immediately, reality yielded on more than one account. The truth is that it longed to yield. Ten years ago any symmetry with a resemblance of order - dialectical materialism, anti-Semitism, Nazism - was sufficient to entrance the minds of men. How could one do other than submit to Tlön, to the minute and vast evidence of an orderly planet? It is useless to answer that reality is also orderly. Perhaps it is, but in accordance with divine laws - I translate: inhuman laws - which we never quite grasp. Tlön is surely a labyrinth, but it is a labyrinth devised by men, a labyrinth destined to be deciphered by men. Aquí doy término a la parte personal de mi narración. Lo demás está en la memoria (cuando no en la esperanza o en el temor) de todos mis lectores. Básteme recordar o mencionar los hechos subsiguientes, con una mera brevedad de palabras que el cóncavo recuerdo general enriquecerá o ampliará. Hacia 1944 un investigador del diario The American (de Nashville, Tennessee) exhumó en una biblioteca de Memphis los cuarenta volúmenes de la Primera Enciclopedia de Tlön. Hasta el día de hoy se discute si ese descubrimiento fue casual o si lo consintieron los directores del todavía nebuloso Orbis Tertius. Es verosímil lo segundo. Algunos rasgos increíbles del Onceno Tomo (verbigracia, la multiplicación de los hrönir) han sido eliminados o atenuados en el ejemplar de Memphis; es razonable imaginar que esas tachaduras obedecen al plan de exhibir un mundo que no sea demasiado incompatible con el mundo real. La diseminación de objetos de Tlön en diversos países complementaría ese plan...(6) El hecho es que la prensa internacional voceó infinitamente el "hallazgo". Manuales, antologías, resúmenes, versiones literales, reimpresiones autorizadas y reimpresiones piráticas de la Obra Mayor de los Hombres abarrotaron y siguen abarrotando la tierra. Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder. Hace diez años bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? Inútil responder que la realidad también está ordenada. Quizá lo esté, pero de acuerdo a leyes divinas -traduzco: a leyes inhumanas- que no acabamos nunca de percibir. Tlön será un laberinto, pero es un laberinto urdido por hombres, un laberinto destinado a que lo descifren los hombres.
The contact and the habit of Tlön have disintegrated this world. Enchanted by its rigor, humanity forgets over and again that it is a rigor of chess masters, not of angels. Already the schools have been invaded by the (conjectural) "primitive language" of Tlön; already the teaching of its harmonious history (filled with moving episodes) has wiped out the one which governed in my childhood; already a fictitious past occupies in our memories the place of another, a past of which we know nothing with certainty - not even that it is false. Numismatology, pharmacology and archeology have been reformed. I understand that biology and mathematics also await their avatars... A scattered dynasty of solitary men has changed the face of the world. Their task continues. If our forecasts are not in error, a hundred years from now someone will discover the hundred volumes of the Second Encyclopedia of Tlön. El contacto y el hábito de Tlön han desintegrado este mundo. Encantada por su rigor, la humanidad olvida y torna a olvidar que es un rigor de ajedrecistas, no de ángeles. Ya ha penetrado en las escuelas el (conjetural), "idioma primitivo" de Tlön; ya la enseñanza de su historia armoniosa (y llena de episodios conmovedores) ha obliterado a la que presidió mi niñez; ya en las memorias un pasado ficticio ocupa el sitio de otro, del que nada sabemos con certidumbre -ni siquiera que es falso. Han sido reformadas la numismática, la farmacología y la arqueología. Entiendo que la biología y las matemáticas aguardan también su avatar... Una dispersa dinastía de solitarios ha cambiado la faz del mundo. Su tarea prosigue. Si nuestras previsiones no erran, de aquí a cien años alguien descubrirá los cien tomos de la Segunda Enciclopedia de Tlön.
Then English and French and mere Spanish will disappear from the globe. The world will be Tlön. I pay no attention to all this and go on revising, in the still days at the Adrogue hotel, an uncertain Quevedian translation (which I do not intend to publish) of Browne's Urn Burial. Entonces desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español. El mundo será Tlön. Yo no hago caso, yo sigo revisando en los quietos días del hotel de Adrogué una indecisa traducción quevediana (que no pienso dar a la imprenta) del Urn Burial de Browne.

Notes:

1. Haslam has also published A General History of Labyrinths.
[Return to text.]
1. Haslam ha publicado también A General History of Labyrinths.
[Regresa al texto.]
2. Russell (The Analysis of Mind, 1921, page 159) supposes that the planet has been created a few minutes ago, furnished with a humanity that "remembers" an illusory past.
Return to text.
2. Russell. (The Analysis of Mind, 1921, página 159) supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que "recuerda" un pasado ilusorio.
[Regresa al texto.]
3. A century, according to the duodecimal system, signifies a period of a hundred and forty-four years.
Return to text.
3. Siglo, de acuerdo con el sistema duodecimal, significa un período de ciento cuarenta y cuatro años.
[Regresa al texto.]
4. Today, one of the churches of Tlön Platonically maintains that a certain pain, a certain greenish tint of yellow, a certain temperature, a certain sound, are the only reality. All men, in the vertiginous moment of coitus, are the same man. All men who repeat a line from Shakespeare are William Shakespeare.
Return to text.
4. En el día de hoy, una de las iglesias de Tlón sostiene platónicamente que tal dolor, que tal matiz verdoso del amarillo, que tal temperatura, que tal sonido, son la única realidad. Todos los hombres, en el veniginoso instante del coito, son el mismo hombre. Todos los hombres que repiten una línea de Shakespeare, son William Shakespeare.
[Regresa al texto.]
5. Buckley was a freethinker, a fatalist, and a defender of slavery.
Return to text.
5. Buckley era librepensador, fatalista y defensor de la esclavitud.
[Regresa al texto.]
6. There remains, of course, the problem of the material of some objects.
Return to text.
6. Queda, naturalmente, el problema de la materia de algunos objetos.
[Regresa al texto.]